Antes de aprobar los nuevos menús de una web, abre una página antigua desde un enlace guardado. Tras el rediseño, esa visita debería seguir encontrando lo que buscaba. Para decidir qué direcciones conservar y cuáles cambiar, prepara un inventario y anota el destino de cada página antes de publicar.
Un rediseño puede conservar muchas direcciones
Renovar colores, tipografía o distribución no obliga a cambiar las URLs. Tampoco conviene dar por hecho que un nuevo gestor de contenidos exige rutas distintas: comprueba qué permite conservar. Si una dirección sigue describiendo bien una página que continuará existiendo, mantenerla evita una decisión de migración innecesaria.
Al planificar un rediseño de páginas web, separa tres decisiones: qué necesita mejorar el diseño, cómo se organizará el contenido y qué direcciones cambiarán. La guía de SEO de Google recomienda una estructura lógica y URLs descriptivas, pero no plantea reorganizar un sitio existente por sistema.
Haz inventario de páginas, archivos y enlaces importantes
Reúne las URLs del gestor y del sitemap; añade las que detectes en navegación, analítica y registros disponibles. Incluye documentos e imágenes que deban seguir accesibles. Son puntos de partida recogidos en la guía de Google sobre migraciones.
Anota, por cada dirección, qué encuentra allí una persona y por qué importa para el negocio. Quizá una ficha apenas reciba visitas, pero esté enlazada desde un catálogo impreso. Pregunta también por códigos QR, propuestas comerciales y documentos que circulan fuera de la web.
Encontrar una URL en el sitemap no demuestra que esté indexada. El informe de indexación de páginas ayuda a entender los motivos de inclusión o exclusión. Guarda por separado el inventario de URLs conocidas y el estado observado en Google; no conviertas la ausencia de datos en una prueba de que una página carece de valor.
Decide qué se mantiene, se combina o se retira
Puedes usar una hoja con estas columnas: URL actual, contenido, decisión, destino, motivo, responsable y comprobación. Completa el motivo antes de encargar la redirección. Estas cuatro fichas son ejemplos ficticios; sus rutas no pertenecen a un proyecto real ni enlazan a páginas de esta web:
- Conservar. Actual: /contacto/. Destino: /contacto/. Decisión: mantener la dirección y actualizar su contenido. Comprobación: abre directamente la página de contacto.
- Mover. Actual: /servicios/web-antigua/. Destino: /servicios/diseno-web/. Decisión: trasladar la misma oferta a una ruta nueva. Comprobación: la antigua conduce al servicio equivalente.
- Combinar. Actual: /servicios/web-movil/. Destino: /servicios/diseno-web/. Decisión: integrar su información útil en la página general del servicio. Comprobación: el destino explica realmente esa parte de la oferta antes de redirigir.
- Retirar. Actual: /promocion-2019/. Destino: ninguno. Decisión: eliminar una promoción caducada sin sustituta. Comprobación: responde como contenido no disponible, sin enviar a una oferta distinta.

Dos páginas pueden compartir destino cuando su contenido se ha reunido allí. Enviar páginas sin relación a la portada para ocultar errores puede desconcertar al visitante; Google advierte que puede interpretarlo como un «soft 404», una página sin contenido válido.
Si un contenido desaparece sin una alternativa equivalente, la respuesta puede ser 404 o 410. La documentación de Google sobre códigos HTTP explica que estas respuestas impiden indexar esa URL y permiten retirarla del índice con el tiempo. La pantalla puede ofrecer navegación útil, pero no debe fingir que la página eliminada sigue disponible con una respuesta 200.
Planifica redirecciones y enlaces internos
Una redirección lleva automáticamente de una dirección a otra. Para un traslado definitivo, Google recomienda una redirección permanente del servidor y reconoce los códigos 301 y 308. La guía de redirecciones distingue estos cambios de los temporales: el código debe corresponder a la decisión tomada, no elegirse solo porque el navegador llega al destino.
Procura que cada URL antigua llegue directamente al destino final, sin pasar por varias direcciones intermedias. Comprueba también que el recorrido no regrese al punto de partida: eso sería un bucle.
En la nueva navegación y en los enlaces del contenido, usa directamente las direcciones definitivas. Las recomendaciones de Google sobre URLs canónicas aconsejan enlazar de forma consistente a la versión preferida. Revisa tanto el menú como los botones, artículos relacionados y enlaces dentro de documentos que puedas actualizar.
Asigna quién mantendrá las reglas después del lanzamiento. Google recomienda conservar las redirecciones el mayor tiempo posible, generalmente al menos un año. Una dirección antigua puede seguir recibiendo visitas desde enlaces guardados.
Comprueba la nueva web antes de publicarla
Pide una revisión con el inventario delante. Para cada decisión, compara lo esperado con lo que sucede al abrir la URL; una captura bonita de la nueva página no permite comprobar todo el recorrido.
- Contenido y uso: revisa textos, imágenes, descargas y navegación en móvil y escritorio. Sigue los enlaces que llevan a contactar o solicitar información y comprueba que conservan su propósito.
- Respuestas: las páginas que se mantienen y los destinos definitivos deben abrir correctamente. Las rutas trasladadas deben redirigir al destino previsto y las retiradas responder según su decisión.
- Canonical: comprueba que la URL preferida declarada pertenece al dominio definitivo, no a la web de pruebas. Para una página única, debe señalar a su propia dirección final; si hay duplicados, documenta la versión elegida.
La etiqueta canonical comunica una preferencia sobre versiones duplicadas o muy similares; no es una orden que obligue a Google ni transporta al visitante. Evita señales contradictorias entre canonical, enlaces y sitemap. Puedes contrastarlo en la documentación de canonicalización.
Prepara el sitemap con las URLs canónicas que quieras mostrar en búsquedas y comprueba que los destinos publicados funcionan. Un sitemap ayuda a comunicar esas direcciones, pero no garantiza su indexación. Google detalla estos criterios en su guía para crear y enviar sitemaps.
Incluye una comprobación para el momento del lanzamiento: las páginas públicas que deban aparecer en Google han de ser accesibles, contener información indexable y devolver una respuesta correcta. Revisa que no hereden restricciones de la web de pruebas. Los requisitos técnicos de Google aclaran que cumplir estas condiciones permite optar a la indexación, sin asegurarla.
Revisa lo que ocurre después
Guarda la fecha del cambio y el resultado de las comprobaciones. Tras publicar, repite el recorrido con URLs antiguas y nuevas. Si aparece un fallo, registra dirección de origen, destino esperado, respuesta observada y acción pendiente: «no funciona una página» no basta para reproducirlo.
Si tienes acceso a Search Console, usa la inspección de URLs en las páginas importantes. Distingue los datos de la versión indexada de la prueba en tiempo real: esta última sirve para examinar la página actual, pero no demuestra que ya esté indexada ni predice qué canonical escogerá Google.
Consulta los motivos del informe de indexación antes de corregir en bloque. Una retirada deliberada o una URL que ahora redirige no requieren la misma actuación que un error en una página que quieres mantener accesible.
En el informe de rendimiento, revisa clics e impresiones por páginas y consultas. Compara periodos equivalentes y anota otras modificaciones que puedan afectar a la lectura. Evita atribuir cualquier variación al rediseño solo porque coincide en el calendario.
Durante una migración puede variar la visibilidad mientras Google procesa los cambios. Un plan de URLs reduce errores evitables, pero no garantiza conservar posiciones ni recuperarlas en un plazo concreto.
Esta revisión se centra en las direcciones y sus destinos. Para revisar también contenido y otros aspectos de búsqueda, puedes consultar nuestra guía de consejos para posicionar tu web.
Antes de renovar tu web, cuéntanos qué páginas y contenidos necesitas conservar. Ese inventario ayuda a concretar el trabajo antes de decidir la nueva estructura.

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